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    He salido del armario, ¿o no?

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    He salido del armario, ¿o no?

    Mensaje  N3k el Miér Jul 29, 2009 3:12 pm

    He salido del armario, ¿o no?




    Llevo más de quince días con unos dolores de cabeza, ligeros mareos y vértigos. Así que, en contra de mi voluntad me vi obligado a visitar al médico que tras varios análisis de sangre finalmente me envía a realizarme una colonoscopia, es decir una endoscopia (tubo con cámara) por el trasero. Ya que dice que puedo tener algún problema en la sangre.

    Ya empezamos; uno va al médico a que le miren la cabeza y este sale con que hay que mirarte el culo. Empezamos bien.

    Cada día creo mas en los actos y dolores reflejos en el cuerpo. Si te duele a la altura del corazón es que tienes un tirón en el pecho derecho, si te molesta el riñón izquierdo es el derecho; aunque tiene sus cosas buenas, si te pica en tus comprometidas partes pues te rascas la coronilla y nadie se entera....

    Lo llaman acto reflejo y esta palabra viene de la propiedad matemática denominada como relación reflexiva, "a" esta relacionado con "a"; así que, definitivamente creo que no está bien definido, debería ser una propiedad simétrica, "a" se relaciona con "b" y "b" se relaciona con "a". Ya que nuestras partes íntimas no son iguales a las no íntimas, aunque estén relacionadas...

    Bueno, volviendo al asunto. Me dan una fecha para realizar la colonoscopia y con una posdata en el parte médico que dice "sedado"... Esto ya mosquea.

    Inmediatamente no dudé en entrar por Internet en cualquier buscador e indago sobre este método de auscultación tan minuciosamente y ahondadamente explorador.

    ¡¡Ay Dios!!, maldita la hora en que se me ocurrió ir al médico, decirle que me dolía la cabeza e indagar por Internet... Todo se había convertido en una especie de cáncer que apenas me dejaba dormir por las noches hasta el día final. (Si alguien se tiene que realizar una colonoscopia le recomiendo que no entre a investigar navegando por Internet).

    Uno de los mayores problemas era mi púdico y recatado antecedente pueril de retraimiento y timidez por el desnudo, hasta de hacerlo delante de mis hermanos, incluso mi ropa interior la llevaba personalmente a la lavadora por si algún gazapo o zurraspa anduviese a la vista....

    Y ahora ... ¡¡ me iban a ver el culo !!, y no solo verlo, sino ojearlo de forma tan meticulosa y detallista... ¡¡ Que sopor !!....

    Siempre creí que esto nunca me iba a pasar.... pero también tenía la esperanza siempre viva de que quien me lo iba ha realizar era un médico hombre, al menos me aflojaba la tensión.

    Cuarenta y ocho horas antes de mi supuesta pérdida de castidad anal, se me obsequió con un régimen alimentario pobre en residuos ( o sea, de pocas heces ), arroz, pastas, carne y pescado a la plancha, zumos, infusiones, etc... Nada de verde ni fruta. Acompañado de dos botecitos de un asqueroso líquido laxativo llamado Fosfosoda (este nombre no se me olvidará de por vida, lo juro, por eso lo expongo).

    A las 18´00 h. me tragué el primer botecito, y me instalé a esperar..., el caso es que no pasaba nada y como gran fumador que soy, me alerté del poco tabaco del que disponía y me acerqué al bar más cercano a casa, unos 20 metros. Cuando estaba comprando el previsivo tabaco en la máquina expendedora esta me devuelve las monedas porque no tiene cambio, así que me acerco al mostrador (barra) para pedir cambio, el bar estaba hasta los topes de gente y humo, y el pobre camarero no daba abasto atendiendo al personal. En esos momentos sentí lo que un ser siente cuando quiere expeler una ventosidad entre el público, es decir, silenciosamente y acompañándolo de una leve tos.... me intentaba resistir y cuando recibí el dinero exacto para la máquina del tabaco, me acerqué, introduje el importe, apreté el botón correspondiente y mientras salía el paquete de cigarrillos comenzó a sonar la máquina con ese habitual retumbo de su interior y fue cuando aproveché lentamente a soltar ese molesto gas que me comprimía bellacamente en mis abdómenes.... Y... ay, ay, ay...... Mientras me inclino a recoger el paquete... ¡¡ Zas !!... aquello no fue ni sonoro, no llevaba viento, ni brisa ni soplo, sino..... ¡¡ Consomé !!, si, calducho de la dieta pobre en residuos, menos mal que era pobre, porque noté como un manantial caldeado me deslizaba por la parte posterior de mi extremidad inferior izquierda....

    ¡¡ El caos...!!, galimatías y confusión se apoderó de mi entidad tan decente y decorosa en medio de aquél barullo de gente distinguida y vecina.

    Apreté fuertemente los carrillos y salí corriendo como hacen los pingüinos en la orilla antes de entrar en el mar, jamás había corrido tanto con la piernas juntas y las nalgas prietas hasta mi casa.... record guinnes de 20 lisos estilo “palmípedo pingüino” y encima excretado y expelido por doquier....

    Vaya embrollo, que complicación, no era la ropa interior, era el pantalón, un calcetín y un zapato, ¿cómo lo iba a meter todo en la lavadora?, igual desteñía la ropa del resto de casa.., y el zapato de piel ¿qué?... hasta las costuras impregnadas salsa de hez...

    Me atravesé la casa a escondidas hasta la ducha, no sin antes atrapando una bolsa de basura por el camino, me duché y toda la ropa a la bolsa y esta al contenedor de la calle, pantalón, zapatos y calcetines a hacer gárgaras...

    El resto de la tarde lo pasé haciendo otro recorrido simétrico, del sofá “a” al trono “b” y viceversa.

    La noche fue otra relación matemática. Operación transitiva, “a” se relaciona con “b”, “b” se relaciona con “c”, por lo que “a” esta relacionado con “c”... Es decir, del sofá al trono y del trono a la cama; de la cama al sofá y del sofá al trono, y otra vez la misma sucesión matemática.

    Al día siguiente, según el menú, “dieta liquida” exclusivamente agua o zumo lentamente y en pequeños sorbos. Junto con el otro botecito del famoso y “apreciado” Fosfosoda. Si, después de lo del día anterior en dieta de “pobre en residuos” fue como fue, ¿cómo será la de “liquida”...?. Ni lo cuento...., otro record, al menos para mi, me senté en el trono basándome en la operación de relación simétrica (“a” sofá/ “b” trono), la tontería de dieciséis veces en la mañana; espasmos, retortijones, punzadas... bebía y... a correr.., hasta que aquello quedó finalmente en la propiedad reflexiva (“a” trono/ “a” trono) leyéndome una novela sobre una historia de Calcuta, “La Ciudad de la Alegría”, de una amante de Krishna o algo así, porque no recuerdo nada de nada, jamás me había leído un libro de 389 páginas en tan poco tiempo y sin inmortalizar una sola parte de su historia, probablemente sería por la Fosfosoda, párrafos que leía páginas que defecaba. (Con todos mis respetos al autor)

    Llegó la hora clave, me llevaron al hospital donde se iba ha tirar por los suelos mi cualidad viril, enérgica y valerosa, y ahora convertida en impotente y sumisa. Me sentía del color de la flor a la violeta, violado, séptimo color del espectro solar. Iban a delinquir contra mi honestidad, privado de razón y sentido por el sedante que me iban a inyectar, o sea drogado. Iban a romper mi “himen”, aquello que siempre quise conservar en su estado y pureza original.....

    Al entrar en aquella sala de espera observé que mucha gente iba a lo mismo que yo, e hice todo lo imposible por ser el primero, obviamente no por placer, sino que quería ser el primero al que introdujeran ese maldito tubo, no me gustan los segundones... Mi pulcritud hasta la última.

    Entré en aquella habitación con su camilla con sábana verde y llena de monitores, me dijeron que me quitara absolutamente toda la ropa y me pusiese ese típico camisón conjuntado con el color de la sábana, tumbándome y esperando a que llegara el anestesista.

    Me quedé solo por unos instantes y aproveché para divisar los diversos tubos que por ahí colgaban; todos disparejos, gordos y cortos, largos y finos, ondulados y lisos, negros y marrones. Me preguntaba si me dejarían elegir. Sería una hetereogénea y complicada elección para el consumidor/ paciente. No estaba muy puesto en calibres y mediciones de artículos para introducirse la verdad..., hasta la fecha sabía lo que era un simple supositorio.

    Por fin entra una enfermera y me explica que debo relajarme, que antes de empezar a introducir el endoscopio por el ano (palabras textuales), el doctor tantearía inicialmente penetrándome un dedo con la finalidad de dilatar (Yo ya sin viento en los pulmones), que una vez que el endoscopio entra en el recto, este empieza a insuflar con aire y que es un poco molesto al principio, pero que luego se pasa (esperaba que con esto no me quisiera anunciar que me iba a gustar..).

    Ella estuvo preparando todos los materiales y yo, completamente y cuidadosamente tapadito con el camisón y en posición fetal, observaba como podía que es lo que hacía.

    Entró otra enfermera, con esta iban dos (yo temblaba), seguro que luego se irían. Seguidamente entró el anestesista y, de forma muy atenta y agradable me habló con humor y acento andaluz e incluso llegó ha hacerme reír.

    Mientras me hablaba me había metido una guía en vena para su posterior inyección.

    Finalmente entró el doctor y me inyectaron el sedante.... solo me dio tiempo a decir:

    -¿Las señoritas se van a ir o se van a qued.........ZZZZZzzzzzzzzz.......

    Ni me enteré.

    Cuando desperté estaban limpiándome las enfermeras, yo completamente en “pelotas” y con la barriga hinchada tal cual zepelín lleno de gas pedorreante.

    Ellas charlaban de sus cosas ignorando mi situación, mis partes púdicas, todo....

    Me espabilé, estuve un tiempo en observación por eso de la anestesia y me mandaron para casa. Procuré no fumar en el vehículo debido a los gases que expulsaba de forma continua, incontrolada y desenfrenada.

    Hoy, un día después, sentado ante el teclado y escribiendo estas líneas me he dado cuenta de muchas cosas que hasta ahora ignoraba.

    Me siento enormemente cambiado con respecto a mi pudor, cambiado en cuanto a mi vergüenza y, por supuesto, a mi castidad. Sigo siendo el mismo.



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